En estos tiempos en que la crisis moral es evidente, el hombre busca su felicidad de mil maneras: nueva era, metafísica, ritos extraños y muchas alternativas más, sin detenerse a pensar que la formula para ser felices la concibió un hombre llamado Jesús hace ya más de dos mil años.
Me refiero específicamente al Sermón de la Montaña; aquella serie de consejos, recetas y formulas para vivir bien con el prójimo y de esa manera redescubrirnos nosotros mismos y redescubrir una felicidad que hemos tenido en frente pero que nos hemos negado a ver.
Entre mis allegados, familiares y amigos, supuestamente cristianos, me di cuenta que apenas una pequeña parte recordaba vagamente alguna parte del contenido del Sermón de la Montaña. Este capítulo bíblico resume y enseña las más profundas verdades espirituales mediante las cuales podemos lograr la salud, el éxito y la tranquilidad de la mente y el espíritu. Yo me pregunto: ¿por qué razón teniendo la solución a muchas de nuestras inquietudes espirituales, no recurrimos a las eternas verdades bíblicas?
El remedio de una vida sin esperanza, el mejor antidepresivo no farmacológico, se hallan nuestro alcance en un viejo texto bíblico, que ya sea por desconocimiento o ignorancia no le damos su verdadera importancia.
A continuación haré un breve y concienzudo análisis de esta panacea para el espíritu. Dijo Jesús: “Así que todas las cosas que quisierais que los hombres hicieran con vosotros, así también haced vosotros con ellos”. Díganme ustedes si no es cierta esta afirmación. Muchos de nosotros pasamos las horas pensando en criticar y juzgar a priori a los demás sin siquiera detenernos a pensar en que nuestra miserable y susceptible condición humana nos hace proclives a caer en tentación. Jesús hablo de esto en los siguientes términos: “No juzguéis para no ser juzgados. Porque con el juicio que juzgáis seréis juzgados y con la vara que mides, seréis medidos”
No solamente debemos abstenernos de juzgar y condenar; debemos acostumbrarnos a perdonar. Para muchos es esta la enseñanza más difícil de asimilar. Pero médicos y sicólogos coinciden en afirmar que es esta la que más necesitamos: Oísteis que alguien dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Más yo os digo, amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen y orad por los que os ultrajan…
Se puede pensar que la petición que nos hace Jesucristo es imposible de cumplir debido a nuestra condición humana. Pero si nos detenemos a pensar ¿no es así que procede una madre? Por más que le hagamos miles de desplantes, siempre prevalece su amor maternal y seguirá perdonando una y otra vez. ¿Entonces por qué no actuar de igual manera con nuestro prójimo? Pues en ese mismo espíritu de amor y de ayuda nos invita el Sermón de la Montaña a que tratemos de entender, tratemos de perdonar y amar a todos los hombres. En la lucha por vencernos a nosotros mismos, el Sermón de la Montaña nos alienta con la promesa solemne de que el Padre Celestial perdonará nuestras deudas así como nosotros perdonemos a nuestros deudores.
Perdonar las ofensas, limpiar el alma de rencores, conforme lo aconseja el Sermón de la Montaña, es también provechoso a la salud del cuerpo. Desde hace más de medio siglo, los médicos han llegado a la conclusión que los temores, el miedo, la cólera y el odio, son sentimientos que están profundamente ligados a dolencias como al artritis, lupus, problemas de diabetes, cardiacos y hasta el mismo cáncer.
Otra de las grandes preocupaciones del hombre desde tiempos remotos ha sido la acumulación de riqueza sin tener en cuenta que nuestro paso por la tierra es tan breve que estoy seguro que en el tiempo de Dios, no será más que un simple parpadeo: “No os preocupéis por vuestra vida, o que habéis de beber o la ropa que lucirá vuestro cuerpo…Mas buscad el reino de Dios y justicia, y todas estas cosas se os darán por añadidura”.
El más claro ejemplo de confianza en esta promesa de Jesús ha sido mi mamá. En ella he visto como una y otra vez pide a Dios con fe y el buen Dios todo le ha concedido; en ocasiones situaciones aparentemente sin solución.
Amigos, hemos olvidado el sermón más profundo dicho en época alguna. Porque su misma esencia esta hecha con palabras tan sencillas y fáciles de asimilar y comprender. Pero entre menos fe tiene el hombre en su Creador, menos confianza tendrá en si mismo; y más insegura, mas asediada de temores y carencia de metas será su vida.
Si lo leen ustedes, estoy seguro que así lo hagan varias veces, cada una de ellas descubrirán nuevas verdades. En el evangelio de San Mateo dice que la gente se asombraba se maravillaba al oír estas verdades ¿Será que hemos perdido la capacidad de maravillarnos ante la presencia de la verdad, el respeto, la justicia y el amor por el prójimo? Ojo con eso.


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