Radio Sutatenza fue en su momento
el más ambicioso y exitoso proyecto de educación masiva en el mundo. A partir
de tres viejos receptores de radio y de un trasmisor de cien watios de potencia,
el sacerdote José Joaquín Salcedo tuvo la genial idea de diseñar un plan de
educación empleando las ondas hertzianas como medio de propagación. Desde la primera trasmisión en el año de
1947, el proyecto comenzó a crecer como una bola de nieve en una avalancha. A los esfuerzos del sacerdote Salcedo, se unió
Monseñor Crisanto Luque, obispo de Tunja y mecenas incondicional de la naciente
obra. Aparte de esto, el gobierno
contribuyó de manera decisiva al financiar a muy bajo costo los aparatos de
radio y la adquisición de un potente transmisor de 300 kilowatios, convirtiendo
a Radio Sutatenza en la emisora más potente de Colombia y una de las tres
primeras en el mundo.
En 1947, Colombia tenía una
población de 11 millones de habitantes, de los cuales la mitad no sabía leer ni
escribir. Radio Sutatenza se convirtió
en el vehículo perfecto para que durante cuatro décadas, los colombianos que
les era imposible asistir ir a una escuela, pudieran tener acceso al mundo de
las letras y los números, sin importar que se hallaran en los rincones más recónditos
de nuestra geografía.
Fue tan relevante Radio
Sutatenza, que de las Naciones Unidas se enviaron varias comisiones para que el sistema fuera observado con lupa para posteriormente
ser implementando en otras latitudes. Todo esto no quiere decir que Radio
Sutatenza no haya tenido acérrimos enemigos, como el caso del señor Camilo
Torres, exsacerdote católico,
delincuente y guerrillero izquierdista que no tuvo reparo en declararse su
enemigo por considerarla “demagógica y perjudicial para el campesino”
En sus mejores días, Radio
Sutatenza tuvo más poder que el que haya tenido partido político alguno en
Colombia. Fue tanta la influencia de la emisora,
que de cierta manera desafió a la hegemonía establecida por los dos partidos
tradicionales, razón por la cual comenzó a ser vista con recelo por parte del
gobierno y poco a poco relegada a una institución más de aquellas que carecen
de apoyo y son condenadas a vivir bajo la desidia y el olvido estatal. Si a lo anterior le sumamos el advenimiento
de la masificación de la televisión y una migración constante de campesinos
hacía los núcleos urbanos, la emisora perdió su importancia y poco a poco fue decayendo
hasta desaparecer y sus restos adquiridos por Colmundo Radio
El padre Salcedo falleció tiempo
después y con él se echó tierra a cualquier posibilidad de redimir su más
grande obra.
Que estas líneas sean mi más
sentido agradecimiento y público reconocimiento a la labor de un colombiano que
la emprendió contra los molinos de la ignorancia, y al igual que El Quijote, batalló
desde su Rocinante convertido en trasmisor de radio.
Mientras que en el mundo haya
educación, habrá esperanza de un mundo mejor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario