Hago fotografía de paisajes porque sencillamente me gusta hacerlo; porque me agradan los parajes en donde existen árboles y la naturaleza se palpe con todo su ímpetu. No me gustan los centros comerciales, donde miles de personas se apiñan y se disputan un lugar de privilegio por ver no sé que cosa. Curiosamente la mayoría de gente también detesta las multitudes, y los centros comerciales, y sin embargo, parecieran ir hacía esos sitios como un apacible rebaño sin voluntad propia.En un mundo en que la gente hace cosas que no le gusta, pero aparentan sentirse bien con ellas, la fotografía paisajística resulta para mí como una manera de identificarme y en cierto modo de mostrarme inconforme con la vida artificial.
La naturaleza no me engaña, no me traiciona ni tampoco me miente. No se deja impresionar ante el poder ni tampoco se intimida ante el hombre. De hecho, es tan imponente, que me anonada. Disfrutemos de ella porque creo que somos de las últimas generaciones privilegiadas que podemos extasiarnos en sus maravillas.
Tengo la impresión que este viaje que recorre esta generación, es uno de los últimos que hace el hombre, y yo no quiero desperdiciar el viaje en centros comerciales. En las montañas no hay teléfonos, ni televisores, ni la música estridente que suelen escuchar los muchachos de hoy. En los bosques puedo hallar la soledad sin estar solitario; y por último, no porque considere la fotografía paisajística como algo muy importante, sino porque sospecho que gran parte de las otras preocupaciones del hombre son igualmente insignificantes…pero jamás tan divertidas como mi amada fotografía. Ojo con eso.
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