
Ya hace más de 25 años que probé por primera vez la comida china y aun hoy en día sigo siendo su más devoto admirador. Mi humilde iniciación en el mundo de la gastronomía china se dio casi por curiosidad al pasar por un restaurante chino, que a propósito, aun sigue funcionando.
Para mí, es tal vez la cocina más venerable y exquisita que haya en el mundo. Tampoco creo que sea el único que encuentra en la comida china un placer de dioses sibaritas y prueba de ello es que bien sé que hay más restaurantes chinos en el mundo que de cualquier otra nacionalidad. Restaurantes chinos hay en lugares tan disímiles como Islas Maldivas, Portugal, Vietnam, Argentina, Ecuador o Ucrania. De hecho, el número de personas que comen comida china, es mayor al de cualquier otro aficionado a otra comida en el mundo, y no sólo por el hecho de que uno de cada cinco habitantes del planeta sea chino.
La cocina de los chinos es muy variada, sutil y compleja, pues por algo sus orígenes se remontan más allá de cuatro mil años atrás. Si existe alguna cocina bien balanceada es la cocina china. En ella existe en su justa medida carbohidratos, proteínas y abundantes vegetales.
Generalmente acompañada con arroz, la comida china es todo un festín gastronómico que va desde la zarpa de oso manchuriano, a 500 dólares la porción, hasta un delicioso arroz que no vale más de 10 dólares. A lo largo de los años, los cocineros chinos han preparado platos exóticos, como la trompa de elefante, puercoespines, anguilas, mariscos y en general todo lo que vuele, nade o repte.
Los chinos asignan a la comida un valor casi místico en parte porque los inmensos territorios de su país, desde que se tenga uso de razón, han sido severamente azotados por inundaciones, terremotos, guerras y hambrunas colectivas, todo en medio de una aguda pobreza. Casi todos los platos chinos se sirven en porciones muy pequeñas que se toman con palillos desde un plato o un tazón en el centro de la mesa, y cada comensal toma únicamente lo que va a consumir para de esa manera evitar el desperdicio. Condicionados por una frugalidad hija de la necesidad, los chinos respetan más que cualquier otra cultura lo que comen.
A lo largo de los siglos, y dependiendo las circunstancias, desde el más importante miembro de la corte imperial a un humilde culi, han sido expertos en experimentar y arreglárselas con lo que haya en la cocina. Desde hace cuatro siglos antes de Jesucristo, los chinos ya habían definido los principales sabores de su cocina: amargo, salado, agrio, picante y dulce, así como el uso generalizado del uso de la salsa de soya y el vinagre. En épocas de las dinastías chinas, se acostumbraba preparar en los palacios imperiales, banquetes con más de 100 platos diferentes, que abarcaban sabores tan diferentes como el que puede brindar la joroba de camello, cola de venado y hasta jaguares en varias presentaciones. De hecho, creo que ni en el máximo esplendor de la Roma Imperial, haya visto el mundo banquetes tan diversos y esplendidos como los que organizaban los emperadores chinos. Aun hoy en 2012, cuando se supone que la austeridad comunista rige todos los rincones de la Nación, se agasajan a diario misiones diplomáticas en la Gran Sala del Pueblo en Pekín.
En la actualidad la comida china se rige por cuatro corrientes culinarias diferentes pero integradas. En primer lugar está la cocina del norte que lidera Pekín. Por lo frío del clima, es la única comida china que s pobre en arroz y rica en trigo y sus derivados. Se hace hincapié en el ajo, la pasta de frijoles y la salsa de soya más concentrada, por tanto más oscura. El más reconocido plato de su comida es el famoso Pato Pekín, seguido del delicioso pescado agridulce.
En seguida está la cocina del río Yang-tse, que divide a China en dos. Es liderada por Shangai y en sus platos abundan los mariscos cocidos a fuego lento y guisados con salsa de soya. Cerca al Tibet, está la comida Sechuán, la favorita de Jairito, muy condimentada, aromática y tan picante como la comida mexicana. Por último, viene la comida cantonesa, que es la que más ha trascendido fronteras y la que casi siempre comemos en nuestros países occidentales. En ella el arroz frito es base de la mayoría de platos al igual que nombres conocidos como el egg roll y el famoso Chow fan.
A diferencia de la cocina francesa y de algunas otras cocinas europeas, los sabores no se disfrazan con salsas, sino que se acentúan. Trátese de aves, pescado u hortalizas, el sabor deber permanecer natural e inalterado.
A manera de dato curioso, les cuento que el más simbólico, consumido y representativo plato de la comida china como es el Chop suey, no tuvo su origen en China, sino en California, por allá a comienzos del siglo pasado, bajo inspiración de un chef chino que había sido llevado para cocinar a los trabajadores de una mina de oro en plena época de la fiebre por este metal. Una mañana en que el chef no tenía nada diferente a desperdicios y sobras de la noche anterior, conformados por arroz, pedazos de jamón y camarones, decidió mezclar, picar cebolla, y al mejor estilo del calentao colombiano, servir bien caliente y acompañado con café. El extraño y original plato gustó mucho a los mineros y su uso se extendió rápidamente a través de todo el mundo. Por algo la palabra Chop suey traduce literalmente “trozos mezclados”.
Así que a comer comida china, que entra otras virtudes, es excepcionalmente barata y nutritiva. Ojo con eso.