Me hubiese gustado preguntarle a Becquer o Neruda qué es el amor. Posiblemente su respuesta hubiese estado adornada de bellas palabras y de figuras literarias elegantes. ¿Pero será que el amor es ese sentimiento que ha inspirado a vates, derrumbado imperios y generado guerras? Tal vez si, pero seguramente no solo Cupido y el corazón como su aliado son sus instrumentos.
Estar enamorado, aparte de las sensaciones mentales y espirituales que nos brinda, también nos ofrece bienestar físico. Al estar enamorados nos sentimos como si flotáramos en el aire, nos sentimos más ágiles mentalmente y el trabajo por pesado que sea no es más que una leve molestia totalmente llevadera. Cuando el amor se va, viene la depresión, la pérdida del ímpetu, del ánimo… y una sombría nube se apodera de nuestra mente.
Sin duda, en el amor intervienen muchos factores de orden sicológico y físico. Solo hasta ahora la ciencia comienza tímidamente a investigarlo. Si llegamos a comprender estos elementos y su conjugación es probable que entablemos mejores relaciones sentimentales y, además, nos recuperemos más rápidamente si algunos de estos elementos fallan.
Hoy en día sabemos que al estar enamorados, el organismo segrega sustancias parecidas a las anfetaminas, que entre otros efectos, nos hace sentirnos eufóricos, con ánimo, incansables, sin apetito, capaces de emular a Súperman, si fuera necesario.
Ahora bien, en el otro lado de la moneda están los enfermos de amor que luego de haber terminado una relación bruscamente, sufren de depresión, letargo, actitud inconsolable y deseos de llorar. La llamada pena moral ha conducido a mas de uno a la tumba, si no que lo diga más de un poeta del romanticismo.
Sería provechoso que la ciencia se ocupe más de este tema y que dentro de poco tiempo podamos ver en las farmacias tabletas para el desamor, el despecho y la tusa, para que de esa forma no tengamos que seguir recurriendo a los ya tradicionales remedios que emanan de las cuerdas vocales de Darío Gómez y los cantantes que lo emulan. Ojo con eso.
Estar enamorado, aparte de las sensaciones mentales y espirituales que nos brinda, también nos ofrece bienestar físico. Al estar enamorados nos sentimos como si flotáramos en el aire, nos sentimos más ágiles mentalmente y el trabajo por pesado que sea no es más que una leve molestia totalmente llevadera. Cuando el amor se va, viene la depresión, la pérdida del ímpetu, del ánimo… y una sombría nube se apodera de nuestra mente.
Sin duda, en el amor intervienen muchos factores de orden sicológico y físico. Solo hasta ahora la ciencia comienza tímidamente a investigarlo. Si llegamos a comprender estos elementos y su conjugación es probable que entablemos mejores relaciones sentimentales y, además, nos recuperemos más rápidamente si algunos de estos elementos fallan.
Hoy en día sabemos que al estar enamorados, el organismo segrega sustancias parecidas a las anfetaminas, que entre otros efectos, nos hace sentirnos eufóricos, con ánimo, incansables, sin apetito, capaces de emular a Súperman, si fuera necesario.
Ahora bien, en el otro lado de la moneda están los enfermos de amor que luego de haber terminado una relación bruscamente, sufren de depresión, letargo, actitud inconsolable y deseos de llorar. La llamada pena moral ha conducido a mas de uno a la tumba, si no que lo diga más de un poeta del romanticismo.
Sería provechoso que la ciencia se ocupe más de este tema y que dentro de poco tiempo podamos ver en las farmacias tabletas para el desamor, el despecho y la tusa, para que de esa forma no tengamos que seguir recurriendo a los ya tradicionales remedios que emanan de las cuerdas vocales de Darío Gómez y los cantantes que lo emulan. Ojo con eso.
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