domingo, 22 de noviembre de 2009

Ayer era pecado.

Cuando era niño, recuerdo muy bien que en Colombia no habíamos perdido la capacidad de asombro y la noticia de un asesinato o una violación, conmovía a la sociedad hasta la raíz. Era el tiempo que lo malo era malo y no teníamos que disfrazarlo para justificar el mal proceder de unos pocos.

Mucho se ha hablado sobre el pecado, el crimen y la conducta antisocial; se comenta sobre narcotráfico, pornografía, trata de blancas y prostitución. Lo que me parece extraño es que para muchos es social y moralmente aceptado lo que ayer llamábamos “malo”.

No faltan personas que condenan a otras por motivos éticos, especialmente a sus contrincantes políticos (caso Chávez, por solo citar un ejemplo). Pero cuando el concepto de lo malo en el sentido moral, tiene verdadera importancia –como guía de nuestra propia conducta o de nuestro bando, en una disputa-, no lo encontramos por ninguna parte.

Correcto y no necesariamente ilegal:

Así evitamos reconocer que algo es ilegal, señalando que estos actos no están prohibidos en el código penal ni en los diez mandamientos ni mandato religioso alguno. Establecemos de esa manera una asociación de ideas dañinas y peligrosas: si algo es legalmente permisible, es moralmente aceptable. Por ejemplo, los diez mandamientos no censuran ni prohíben el consumo de drogas. De esa manera el que quiere consumirla, se ampara en las propias leyes dadas por Dios para escudarse de su falta. ¿O es que en las tablas dadas a Moisés, dicen en algún lado que no hay que consumir drogas? dirán los que les conviene. De esta forma todos los días caemos en actos inmorales o “malos”, sin que la ley tenga potestad para castigarnos o las leyes divinas nos señalen. Seguramente olvidan que la conciencia es la presencia de Dios en nuestro ser y a ella no la podemos engañar.

Correcto y enfermo:

El delito o daños menores definidos y amparados como una enfermedad biológica o mental. Es decir, aquí es donde la enfermedad sirve de excusa perfecta para librarnos y exonerarnos de deberes y derechos sociales. Hace poco me sorprendí cuando un juez dejo en libertad a una señora que había hurtado de una joyería capitalina, un brazalete avaluado en 100.000 dólares, con el argumento que la señora no tuvo intención de hurtarlos, sino que sufre o padece de cleptomanía. Este método es el favorito de algunos políticos nuestros para no ir a la cárcel cuando son culpados y condenados por sus fechorías.

Cuando escucho los argumentos morales que giran alrededor nuestro en estos días, me convenzo cada vez más que nuestro verdadero problema es este: “la vocecita interior” de la conciencia se ha vuelto demasiado tenue, demasiado sigilosa y muy acomodada a lo que nos conviene. Ojo con eso.

viernes, 6 de noviembre de 2009

El amor también es físico

Me hubiese gustado preguntarle a Becquer o Neruda qué es el amor. Posiblemente su respuesta hubiese estado adornada de bellas palabras y de figuras literarias elegantes. ¿Pero será que el amor es ese sentimiento que ha inspirado a vates, derrumbado imperios y generado guerras? Tal vez si, pero seguramente no solo Cupido y el corazón como su aliado son sus instrumentos.

Estar enamorado, aparte de las sensaciones mentales y espirituales que nos brinda, también nos ofrece bienestar físico. Al estar enamorados nos sentimos como si flotáramos en el aire, nos sentimos más ágiles mentalmente y el trabajo por pesado que sea no es más que una leve molestia totalmente llevadera. Cuando el amor se va, viene la depresión, la pérdida del ímpetu, del ánimo… y una sombría nube se apodera de nuestra mente.

Sin duda, en el amor intervienen muchos factores de orden sicológico y físico. Solo hasta ahora la ciencia comienza tímidamente a investigarlo. Si llegamos a comprender estos elementos y su conjugación es probable que entablemos mejores relaciones sentimentales y, además, nos recuperemos más rápidamente si algunos de estos elementos fallan.

Hoy en día sabemos que al estar enamorados, el organismo segrega sustancias parecidas a las anfetaminas, que entre otros efectos, nos hace sentirnos eufóricos, con ánimo, incansables, sin apetito, capaces de emular a Súperman, si fuera necesario.

Ahora bien, en el otro lado de la moneda están los enfermos de amor que luego de haber terminado una relación bruscamente, sufren de depresión, letargo, actitud inconsolable y deseos de llorar. La llamada pena moral ha conducido a mas de uno a la tumba, si no que lo diga más de un poeta del romanticismo.

Sería provechoso que la ciencia se ocupe más de este tema y que dentro de poco tiempo podamos ver en las farmacias tabletas para el desamor, el despecho y la tusa, para que de esa forma no tengamos que seguir recurriendo a los ya tradicionales remedios que emanan de las cuerdas vocales de Darío Gómez y los cantantes que lo emulan. Ojo con eso.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Los Protocolos de los Sabios de Sión, la calumnia más vil de la historia


“Los Protocolos de los sabios de Sión” fueron publicados en 1905 en Rusia. El autor era Sergei Alexandrovich Nilus (1862-1930). Eran un apéndice en la segunda edición de un libro de Nilus titulado “Lo Grande en lo Pequeño” (Великое в Малом). Nilus explicó que “Los Protocolos” eran auténticos, asegurando que él sólo los había traducido.Para darle más autenticidad a “Los Protocolos”, se solía relacionar el documento con el acta secreta del Primer Congreso Sionista convocado en Basilea los días 29, 30 y 31 de agosto de 1897 por Theodor Herzl. El movimiento sionista fundado por Herzl pretendía comprar tierras en Israel que, por aquel entonces, estaba bajo control del Imperio Otomano con el nombre de Palestina. Las resoluciones tomadas en el congreso fueron la creación de la Organización Sionista Mundial y la creación de un fondo para comprar las tierras en Israel.

“Los Protocolos” se estructuran como las actas de 24 sesiones llevadas a cabo por los Sabios de Sión, en las que se muestra a un posible líder judío hablando en primera persona en el que arenga a los judíos para que conspiren para controlar todos los gobiernos del mundo, destruir la civilización cristiana y convertirse en amos de la tierra. “Los Protocolos” enumeran las tácticas que se debían emplear para alcanzar dichos objetivos, entre las que estaba el uso de la francmasonería o la creación del parlamentarismo liberal para confudir a los ciudadanos de las naciones cristianas. Esta era la base de la famosa conjura judeo-masónica La idea de una conjura judía había estado presente en Europa desde la Edad Media, aunque esta era la primera vez que se otorgaba a una organización el carácter de conspiradora a nivel mundial.

Un protocolo de tales características debería estar configurado como el acta de una sesión de tal organización, con multitud de detalles sobre los partícipes y el turno de intervenciones y las horas exactas de dichas intervenciones. Sin embargo, el documento no es más que un monólogo firmado por los representantes de Sión del Grado 33. Pero nunca se ha demostrado la existencia de tales representantes de Sión ni de organización alguna conocida como Sabios de Sión o Ancianos de Sión.

Tras la publicación de “Los Protocolos”, el texto fue utilizado en la Rusia Imperial para fomentar el odio hacia los judíos. Se dice que uno de los objetivos de dicha utilización era socavar el prestigio del Conde Witte, ministro judío del régimen del Zar, que pretendía introducir en Rusia el sistema monetario del patrón-oro para acercarse más a las potencias occidentales y atraer inversión extranjera de Francia y Reino Unido principalmente. Esto al parecer no gustaba a varios sectores antisemitas y germanófilos de las altas esferas rusas que no veían con buenos ojos una medida que mejoraría las condiciones de los comerciantes rusos de las ciudades más cosmopolitas como San Petersburgo, que casualmente tenía en sí una importante comunidad judía.

En 1921 Philip Graves, un miembro de la redacción del diario Times de Londres, encontró en Estambul una copia de un libro en francés titulado “Diálogos en los Infiernos entre Maquiavelo y Montesquieu”. El libro, de Maurice Joly, estaba datado en 1858 y consistía en un diálogo entre Montesquieu y Maquiavelo, en el que el primero atacaba a Napoleón III mientras Maquiavelo hacía de abogado del diablo. Graves comparó “Los Protocolos” con el libro y se dio cuenta que había párrafos enteros copiados literalmente. En realidad lo que había hecho Nilus era adaptar el diálogo para convertirlo en un monólogo, cambiando la figura de Napoleón III por una conspiración judeo-masónica.

El movimiento antisemita, sin embargo, continúa afirmando que “Los Protocolos” son auténticos. El propio Hitler los usó como justificación para su política contra los judíos, inspirando ciertos comentario que realizó en “Mein Kampf”. Henry Ford también pareció haber considerado ciertos “Los Protocolos”, financiando proyectos que se encargaban de advertir al mundo del peligro judío. Aunque Ford aclaró posteriormente su antipatía por el régimen de Hitler a pesar de que éste utilizó las publicaciones de Ford como justificación a algunas de sus políticas.

Hoy en día, además de los movimientos de ultraderecha, está siendo usado por los movimientos islámicos antisemitas para justificar sus acciones contra los ciudadanos de Israel en nombre de la autodefensa ante un supuesto plan judío de conquistar el mundo y destruir el Islam.A pesar de todos los que apoyan la veracidad de “Los Protocolos”, se considera uno de los mayores fraudes literarios de todos los tiempos.


Lo repudiable es que hoy en día los neonazis basan sus ideales en esta cruel falacia. Ojo con eso.