lunes, 24 de septiembre de 2012

Algunos pretenden reemplazar a Dios...



 Por estos días con el candente tema del aborto, algunos tratan de justificar lo injustificable y tratan de prescindir a toda costa de los mandamientos divinos y dar rienda suelta a sus instintos criminales. Sí, porque ensañarse contra una criatura indefensa no tiene otro calificativo que encaje mejor: criminal.

Dicen no creer en religiones, pero si en Dios. ¿Acaso es que Dios ha hecho ciertas excepciones a sus mandatos en cualesquiera de las religiones? No sé si esta historia empieza a través de la masificación de la Biblia, luego de que Gutemberg nos regalara su imprenta o tal vez con el advenimiento de la revolución sexual y cultural de los 60 del siglo pasado. Los mamertos y “grandes pensadores modernos”, han querido relegar a la Biblia a un libro pintoresco y han pretendido darle fuerza al creacionismo y la evolución sin necesidad de la intervención divina. Digamos que gracias a los “grandes pensadores”, se ha dado cabida a la teoría de la creación de la vida por accidente y casualidad.

El pecado se ha convertido en una cuestión relativa y con cierto enfoque más filosófico que religioso. Después de haber adorado a dioses durante milenios, el hombre ha comenzado a juzgar como supersticiosas dichas creencias; algo así como el hijo que crece y resuelve que ni necesita ni depende de su padre; de ese padre que premiaba o castigaba según sus actos. Es decir, el hombre dejó de creer en castigos divinos, para reemplazarlos por un sentimiento de culpabilidad y no más.

La diferencia entre vivir así y tratar de ser recto porque Dios lo manda, es muy grande. El hombre ya podía hacer todo lo que quisiera, con tal de no quebrantar las leyes de su país y de su propio juicio moral. Pero había aprendido este juicio, en parte de sus padres y en parte de instituciones que en la mayoría de los casos, han sido orientadas por instituciones religiosas. Curiosamente, pese a que “los grandes pensadores” han negado el fundamento de sus antepasados, continúan obrando según los dictados de esa moral. Observan Los Mandamientos, sin detenerse a pensar que hayan sido mandados; hablan de lo justo y de lo injusto, pero siempre a la sombra de los mandatos divinos. ¿Cómo se las arreglan para convivir con tan contradictoria postura?

Así como algunos pueblos primitivos aceptaron el cristianismo proyectando sus antiguos dioses a una nueva religión, de la misma manera muchos hombres modernos han traspuesto su ética heredada, adoptándola a otra estructura enmarcada por las necesidades que impone la sociedad. Lo que otrora era considerara una ofensa a Dios, pasó a ser un acto antisocial y hasta justificable.

Si el acto de privar de la vida a un hombre, no se puede condenar lógicamente, a no ser como la ley lo condena, ¿qué decir de otros delitos menores como son el fraude, la violación y el aborto? Según nuestra nueva moral si la ley no condena un acto, por muy ofensivo que sea, ¿puede ser condenable lógica o moralmente? Y las leyes del hombre varían. En efecto, ¿no han proscrito ya algunos países sus leyes contra los delitos que mencioné anteriormente porque han cambiado los gustos y las actitudes de la gente? Es decir, leyes morales acomodadas en relación a las necesidades que enmarcan a esa nueva sociedad.

En escala familiar, por decirlo de algún modo, evoco en este punto al padre irreligioso, o el que se contenta con contemplar y juzgar los innegables desatinos que en algún momento se han dado en el seno de las diversas religiones como en cualquier institución regida por humanos. Ese padre que reconoce el vació total del escepticismo, muy difícilmente podrá erigir su propia vida como modelo, pues su postura es de un equilibrio precario ya que está con un pie en el materialismo y el otro en una moral anticuada; más coloquialmente dicho, ni chicha ni limoná. Un padre así, ¿cómo podrá pedir a su hijo que obre con rectitud, si no sabe explicar por qué o en base a qué es justo determinado acto? ¿En qué se va a apoyar para decirle que no debe usar drogas? Es más, desde el punto de vista de la sociedad moderna, ¿cómo convencerlo para evitar el suicidio?

Si usted amable lector, es amigo de transigir y vive en la ambigua situación de quien ha abandonado su fe pero sigue obrando como si aun la tuviera (para tener un punto de apoyo en la vida) no sabrá responder al ¿por qué no? Terminará usted ajustando su vida a ciertos parámetros morales sin poder explicar el porqué de su proceder. Con seguridad será usted un joven o padre de un joven que en su fuero interno buscará con desespero un apoyo moral, una verdad absoluta, una respuesta con bases irrefutables

Supongo que para la gente vana y materialista, la complejidad asombrosa del cerebro humano no tiene más utilidad que la función de preservar la especie y dar rienda suelta al facilismo que se asocia a las necesidades corporales básicas.

Invito a mamertos, irreligiosos, ateos y demás especimenes similares, que si han de reemplazar a Dios, lo hagan por ideales aun más grandes, y no por un dios interno y a conveniencia propia.

Ojo con eso