
Algo en nosotros hace que nos atraigan los mitos, las concepciones de nuestra naturaleza que tienen poco que ver con la realidad. Uno de los mitos mas difundidos en nuestros días proclama el instinto sexual como la fuerza motriz que mueve la humanidad. Ese mito nos hace creer que el ser humano no emprende acción alguna, no cruza miradas y no concibe una imagen creadora que no esté motivada por un impulso sexual. Ese mito nos relega al mismo nivel que los animales y nos señala como seres imposibilitados de controlar un instinto básico y primario.
El mito que el instinto sexual es todo, tiene otro efecto: propone el trato sexual como medio para resolver problemas que no son sexuales. Por ejemplo, es frecuente que la persona solitaria que posea una baja autoestima, caiga en una sexualidad malsana y peligrosa en busca de sensaciones que lo hagan olvidar su desdicha, trayendo consigo las peores consecuencias físicas y mentales.
El mito que el apetito sexual es todo, solo se disipará profundizando en la apreciación de nuestros valores y en la significación de la vida misma. Pues a pesar de todos los mitos, la sexualidad se halla en su máxima dimensión en las relaciones de personas que verdaderamente se aman. Creer que lo sexual encuentra su verdadero significado cuando expresa una relación humana amorosa, es una idea casi tan anticuada como las más retrograda que pueda uno abrazar...pero también es una verdad imperecedera. Ojo con eso.